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viernes, 5 de septiembre de 2008

Dita Von Teese, la increíble mujer fetiche


Mirar una foto de Dita Von Teese (Rochester, Michigan, 1972) es como hacer un viaje en el tiempo. Un viaje que nos transporta directamente a los años 40 y 50, era dorada de las pin-ups, cuando lo sexy, lejos de ser vulgar, se mezclaba con lo glamouroso; cuando cabinas de camiones, cuarteles o cárceles eran lugares de lo más chic gracias a los pósters y calendarios de Hedy Lamarr, Betty Page o Betty Grable que adornaban las paredes.

Del mismo modo, una foto de Dita, bien puesta, puede convertir un zulo en un palacete, por obra y gracia de su belleza retro, acicalada con ese montón de encajes, joyas, lencería, corsés, ligueros, gasas difuminadas con brillantes y todo tipo de complementos deudores de los buenos-viejos-tiempos, algunos de ellos diseñados en exclusiva por otra pin-up: Catherine D'Lish.


Pero Dita es mucho más que una pin-up. Sus stripteases y performances de cabaré global reinventan el añorado estilo de viejas bailarinas de burlesque como Sally Rand o Lili St. Cyr, enriqueciéndolo con personales y actuales toques fashion, que le permiten viajar al pasado sin abandonar del todo el presente ni vulnerar su condición de celebrity todoterreno que lo mismo se desnuda para Penthouse que desfila para Gaultier que amadrina al mejor sex shop del mundo (el londinense Coco de Mer).

Belleza hecha a sí misma

Pero todo esto no sería más que un bonito envoltorio si no fuera por los notables encantos naturales y artificiales de Dita que, aunque no es un auténtico bombón, tiene buena percha: una impecable (y muy bien maquillada) piel de marfil aterciopelado, unas curvas de dimensiones perfectas (embutidas en apretados corsés), piernas hechas para rellenar medias, deliciosos pies (no en vano, posó para el rey del foot fetish fotográfico Ed Fox) y espectaculares tetas (de silicona, porque, según ella, las suyas "desaparecieron" por culpa de la gran cantidad de éxtasis que se metió en su adolescencia).

Como guinda del pastel, tenemos una resultona carita de muñeca de porcelana hollywoodiense, siempre pintada como una puerta: penetrantes ojos cargados de Rimmel, melena negra de sedosos bucles que denotan muchas horas de peluquería y morritos hechos para besar como se besaba antes en las películas: apasionadamente. Ah, la boca también va siempre pintada porque, como la propia Dita ha dicho, “el primer paso para ser una mujer glamourosa es una buena barra de labios”.

Wonderbra by Dita Von Teese

Todas sus virtudes las ha aplicado Dita a su colección de ropa interior para Wonderbra, que se estrena a finales de septiembre, donde se mezcla el glamour retro con el prêt-à-porter de último grito o, en palabras de la propia diva, "la lencería que he creado me hace sentir muy orgullosa, ya que tiene todos los detalles de la lencería sexy, sensual y glamourosa, pero al mismo tiempo se ciñe perfectamente al cuerpo con la ropa de diario. Me encanta el concepto de hacer las actividades cotidianas sabiendo que llevas un secreto oculto bajo la ropa".

La colección de Dita consta de tres conjuntos, Spot-Teese, Satin-Teese y Multi-Teese, que destaca especialmente por los cierres magnéticos en sujetador y braguita, ideales para hacer stripteases sin miedo a que los broches se enganchen dando lugar a situaciones ridículas. Por lo visto, Dita hará un pase demostrativo de su colección el próximo 15 de septiembre, en un vídeo titulado Sexy Science, donde podremos disfrutar a la reina del neoburlesque como nunca la habíamos visto antes.

Dita afirma que su colección es para uso y disfrute de las propias mujeres, que no de sus masculinos mirones: “La lencería no debe ser algo que se use para complacer a un amante, sino para una misma. No se trata de seducir hombres, sino de abrazar tu feminidad”. Lo dice una maestra en el arte de ser mujer como Dita, pues, como bien apunta la directora de marketing de Wonderbra para Europa Debbie Rix, "Dita sabe explotar a la perfección su lado más sexy".

"Mi postura favorita es el misionero"

Con su sofisticada (y a veces barroca) concepción del atuendo interior y exterior, Dita se ha transformado a sí misma en una mujer fetiche. Para ella, vestirse es un acto sexual, una masturbación que provoca orgasmos en cada rincón del cuerpo y que Dita disfruta cada día, cuando se levanta y se cubre con sus selectos trapitos. Célebre es su frase: "Yo me desvisto para ganarme la vida, pero me gusta vestirme para el sexo".

"El porno 'amateur' es genial. Si no hay niños ni se hace daño a nadie, ¿qué hay de malo en ello?"

Sin embargo, Dita también lo pasa bien arrimando su piel a la de otros seres humanos, ya sean hombres o mujeres. Pero, aunque todos nos la imaginemos entregándose a innombrables perversiones y excéntricos juegos de cama, ella prefiere algo más sencillo: "Me encanta el sexo suave y mi postura favorita es la clásica, aunque nunca decepcionante, del misionero". Esto, según ha comentado la chica en más de una ocasión, le ha traído algunos malentendidos con sus amantes: "A veces, cuando quedo con hombres, ellos sienten que tienen que montarme un show para excitarme, cuando a mi me carga que los hombres intenten impresionarme con sus perversiones sexuales".

Con todo y con eso, la última pin-up confiesa que un poco de sado, de vez en cuando, no hace daño: "En ocasiones también me gusta practicar juegos de BDSM. Creo que a mucha otra gente también, sólo que no se atreven a reconocerlo".

De actriz porno a reina del 'glamour' sexy

Dita empezó su carrera profesional como stripper, cuando aún conservaba su nombre de pila (Heather Renée Sweet) y su melena rubia natural: a las 19 primaveras ya coleccionaba ropa interior vintage y hacía un numerito inspirado en el de los guantes de Rita Hayworth en Gilda. Como ella misma confiesa: "En cuanto tuve la edad legal, corrí a desnudarme y a posar emulando el estilo de las viejas pin-ups". Por eso, se tiñó el pelo de negro y se cortó un flequillo igualito al de Betty Page, pin-up cuyo estilo fusiló al 100% hasta que, poco a poco, se fue imponiendo su propia personalidad.

"Mi padre me echó de casa a los 16 por trabajar en una tienda de lencería y llevar panties negros de encaje, pero cuando vio mi portada para Playboy, volví a ser su hija de nuevo"

También rodó algunas películas porno más o menos blando y barato: en una de ellas, rescatada y divulgada en internet hace poco, podemos ver a Dita pasándolo bien con otras bellezas y un extraño juguete erótico. Al respecto, ella ha declarado: "El porno amateur es genial. Si no hay niños ni se hace daño a nadie, ¿qué hay de malo en ello?".

Pero, lejos de encasillarse en el gueto porno, Dita ascendió hacia el erotismo en todas sus variantes y cada vez más cool, posando para revistas fetichistas como Bizarre o Marquis y también para legendarias cabeceras mainstream como Maxim o Playboy, donde apareció unas 30 veces, con la cabeza bien alta: "Playboy es la marca americana más reconocida en el mundo después de Coca-Cola. Es un Paseo de la Fama de Hollywood para cuerpos femeninos. Mi padre me echó de casa a los 16 por trabajar en una tienda de lencería y llevar panties negros de encaje, pero cuando vio mi portada para Playboy, volví a ser su hija de nuevo", dice ella.

Aunque ya había triunfado en otros campos, Dita no se lo pensó dos veces a la hora de volver al género X por la puerta grande, de la mano del rey del porno de luxe Andrew Blake, en títulos como Pin-Ups 2 (1999) o Decadence (2000).

En el apartado del neoburlesque, Dita ha arrasado, tanto con sus shows en solitario como con los co-protagonizados junto a las Pussycat Dolls (codo a codo con otras futuras sex symbols como Charlize Theron, Christina Aguilera o Christina Applegate). Su numerito más exitoso e imitado es ese en el que se sumerge desnudita en un copón de Martini. Hoy por hoy, Dita es la bailarina erótica que más cobra por sus espectáculos: nada menos que 2.500 euros del ala por show.

Dita lleva un elegante soplo de erotismo retro allá donde va, ya sean galas de Mac contra el SIDA, shows exclusivos para Louis Vuitton o estrenos en Cannes de películas en las que ella hacía pinitos como actriz (ahora anda preparándose para meterse en el pellejo de Mata Hari), ya sean posados para revistas o anuncios para marcas como Agent Provocateur, Cointreau o Vivienne Westwood.

Pasión por los tipos raros

En cuanto a su vida amorosa, a Dita le van las personalidades rebeldes, de ahí sus relaciones con chicas malas como la alucinante modelo Alley Baggett y tipos tan poco recomendables como Mike Ness (cantante del escandaloso grupo punk Social distortion) o el actor Peter Sarsgaard, al que dejó por engañarla con la modelo Shalom Harlow.

Pero la campanada llegaría cuando la diva se casó con su fan Marilyn Manson, que se la ligó invitándola a la fiesta de su 32 cumpleaños, donde ella se personó con una botella de absenta. Tiempo después, Marilyn le pediría su mano con un anillo de diamantes... y ella no supo decir que no. Aunque parecían una pareja perfecta, ideal para decorar las mejores fiestas, el matrimonio duró poco más de un año: en diciembre de 2007, Dita pidió el divorcio por "diferencias irreconciliables", aunque luego desveló que la verdadera causa había sido una relación "inapropiada" de Manson con la modelo Evan Rachel Wood; hablando en plata, unos cuernos de padre y muy señor mío.

En fin, que Dita se ha definido a sí misma como "esa clase de chica sobre la que tu madre te advirtió" pero luego se rebela como una romántica en el fondo y en la forma: se viste como sus abuelas y ejerce de esposa monógama que no perdona infidelidades. Recemos para que encuentre pronto otra media naranja que no la deje por la primera modelo que pase y, entretanto, que siga masturbándose embutida en sus Wonderbra, sus corsés, sus ligueros mágicos y sus zapatos de tacón de aguja. Así es Dita: antes muerta que sencilla.

2 comentarios:

Liz dijo...

mi maxima idola!

modabytam dijo...

es preciosa
increíble
meto tu ff a enlaces favoritos ;)